Menú

Y tú, ¿qué piensas? - 3 Jóvenes y adultos

portada Descarga el dossier completo

Y tú, ¿qué piensas? - 3 Jóvenes y adultos (documento PDF)

 

Fragmentos destacados

Los fragmentos son una orientación sobre el contenido de los materiales. Pueden ser útiles para educadoras y educadores que no tengan tiempo para analizar todo el material y seleccionar qué tema prefieren trabajar.

“¿Qué significa relacionarse con los adultos?, ¿qué tipos de conflictos son los más habituales?, ¿existe la rebeldía de los jóvenes?, ¿se pueden resolver los conflictos con los adultos?, ¿necesita la familia una renovación?, ¿es cierto que no se confía en los jóvenes?, ¿puedo hacer cambios en los horarios, en las relaciones o en la paga sin tener que hacer de ello algo trágico?”. (Página 3).

“Cuando las personas conviven es posible que surjan conflictos y existen algunos factores que hacen más probables esos conflictos: los espacios pequeños de las actuales viviendas, la dependencia económica, las edades y educación diferentes, las relaciones de comunicación deterioradas, el individualismo y otras.

Si queremos afrontar esa conflictividad con posibilidades de obtener resultados positivos es necesario que aprendamos algunas habilidades personales y hagamos un análisis de los conflictos más frecuentes o extendidos, lo que podríamos llamar las zonas de conflicto”. (Página 8).


“El conocimiento y la comunicación son las mejores opciones y, sin embargo, en lugar de hablar se utilizan argumentos cruzados respecto a la inconsciencia de unos y la “mieditis” de otros. Una dosis adecuada de información y la elaboración compartida y responsable de las normas y límites de la organización familiar pueden “aligerar” esta zona de conflicto”. (Página 9).


“La pretensión de que los jóvenes y los adultos hablan diferentes lenguajes y que por eso es imposible que se entiendan, nace de una posición patosa y torpe ante las relaciones humanas. La comunicación entre las personas nunca es fácil al principio y mejora conforme nos vamos conociendo y entrenando más.
Las tres formas más sencillas para “cargarse” la comunicación entre dos personas son: suponer siempre que una conversación o una discusión no van a servir para nada, utilizar recursos que bloquean y dificultan la relación como el volumen de la voz, un lenguaje despreciativo, gestos agresivos, etc, y la incapacidad para ponerse en el lugar de la otra persona y entender lo que dice, piensa o siente y por qué”. (Páginas 11 – 12).


“Donde hay conflictos, como en las relaciones entre jóvenes y adultos, suele ser necesaria la negociación, el acuerdo. Para evitar que los conflictos se hagan permanentes, para mejorar la situación o para prevenir el conflicto, las personas llegamos a acuerdos y negociamos las condiciones en las que las relaciones pueden funcionar mejor”. (Página 13).


“Cuando se habla de cualquier tipo de relaciones y de la conflictividad que estas relaciones conllevan, es interesante diferenciar dos tipos de discusiones, dos tipos de ideas que se manejan en el conflicto, lo que se pone en juego en la relación y la convivencia: lo esencial y lo no esencial.
Lo esencial es aquello que es innegociable. Son las preferencias, deseos, principios, personas o formas de actuar o pensar a las que no estamos dispuestos a renunciar”. (Página 16).

“Cuando se trata de resolver un conflicto es conveniente no enfrentarnos desde las posiciones esenciales; al ser irrenunciables, se produce una confrontación de poder o de autoridad; y en general, la población joven tiene menos posibilidades de ganar en esos casos”. (Página 18).


“Probablemente es el momento de que cada persona se pregunte cómo puede hacer que algo tan inevitable como las relaciones con los adultos, se convierta en una fuente de placer, de ventajas y de afecto, en lugar de un enjambre de problemas que se quiere perder de vista; y para eso la receta es esfuerzo e inteligencia”. (Página 24).

« Volver a FAD. Concurso Y tú, ¿qué?