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Pasen y lean

Supergiro-Komikaze (19)

Publicado por spidrmancoy el 09/02/2017 · Categorías: Humor, Creación, Libros, Jóvenes, Acción, Fantasía

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RESET

Busqué en la memoria del móvil tratando de localizar el centro de investigación. Al haber estado allí antes, mi móvil lo tenía que haber registrado. Fue un 18 de octubre. El móvil dio un mensaje de error. No se podía llegar hasta allí de una forma corriente.

De hecho, llegamos de casualidad, sin quererlo ni esperarlo. Creo que allí había respuestas a muchas de nuestras preguntas, incluso podían ayudarme a recuperar mis poderes.

Decidí escuchar a Steven. A lo mejor en medio de tanto balbuceo lograba decir algo con sentido.

 

- Patata... Ketchup.

 

Intento fallido.

 

Traté de decirle un chiste de los suyos para reanimarle:

 

- El otro día estaba jugando al limbo ¿sabes?

- ¿Emmm?

- Sí, estaba jugando al limbo. El juego este de la barra donde tienes que pasar por debajo sin que tus rodillas toquen el suelo, doblando la espalda.

- …

- Y justo me corté el pelo. Pasé por poco. Pasé por los pelos, si no me hubiera eliminado.

 

No reaccionó.

Tampoco tenía su talento para contar chistes, pero su mirada estaba igual de perdida o más que al principio de la conversación.

 

Ahora el principal problema era devolverle la memoria. RedBot ya no daría más problemas, y nadie más podría tener superpoderes... Sólo él y yo tenemos el código genético que nos permite tenerlo, según dijo él. Pero entonces, ¿cómo su primo pudo hacerse invisible igual que él?

A lo mejor el suero que me inyectaron sólo era compatible con nosotros, pero el caso de las gemas era diferente... Entonces, cualquiera que tocara una gema y la examinara podría obtener poderes sin querer. Y no todo el mundo era buena gente. Bueno, quizás estaba haciendo demasiadas suposiciones.

Lo mejor sería dejar pasar el tiempo, hasta que hubiera un superpoder acorde a mi situación. No había nada más que pudiese hacer, estando sin poderes, sin encontrar más gemas.

Tras varias semanas de búsqueda, no parecía haber ninguna gema por la zona.

Cogí el móvil de Steven y llamé a su primo. Seguramente me sería de ayuda, si Steven me había traído sería por algo.

Tras una larga charla sobre fútbol y cosas que no tenían nada que ver, le hablé más acerca de las gemas, y de mis suposiciones acerca de su funcionamiento. Él me dijo que le gustaban mucho los minerales y que la aventura del otro día había sido increíble... lástima el accidente con la memoria.

 

- Oye- pregunté- tú que le conoces mejor, ¿se te ocurre alguna palabra que le pueda abrir la mente?

- Pues lo pensaré, sólo una palabra, ¿no?

- Sí, algo que sea muy importante para él...

- Vale, lo tendré en mente. Por cierto, aquí tengo su diario. Se lo dejó el otro día en mi casa, no sé qué clase de personas se traen sus diarios personales allá adonde van. Bueno, Steven lo era.

- ¿Por qué no me lo habías dicho antes?

 

El despiste debía de ser cosa de genética. Ahora mi misión era leer su diario. Tenía curiosidad, pero no solo eso, era una forma de salvarle. Después de todo, escribir te puede salvar de dejar de ser tú.

 

Empecé a leer. No tenía muchas páginas escritas, y la fecha de la última publicación era de tan solo unos días antes de perder la memoria.

 

BUENOS DÍAS

2 de marzo

Hola, empiezo a escribir este diario. Escribiré cuando me acuerde. Estoy cansado. Hasta luego.

 

3 de marzo

Hola. Hoy no me apetece mucho escribir, pero estoy aburrido. Este es el abecedario: abcdefghijklmnñopqrstuvyz

 

4 de marzo

Se me olvidó escribir la x ayer, así que el abecedario es así abcdefghijklmnñopqrstuvxyz

 

Estuve leyendo un buen rato, y poco a poco se lo fue tomando en serio. No ponía cosas demasiadas profundas, pero sí que era curioso leerle.

 

7 de julio

Hoy he ido al dentista, y he encontrado a un niño, pero estaba nervioso y no me apetecía jugar, además me han dado un líquido que sabía fatal. Me siento raro. Pero bueno, me han comprado un Chupa Chups después.

 

Seguí leyendo y seguramente perdió el diario, porque hasta dentro de dos años no volvió a escribir. No merece la pena que os redacte lo que estaba escrito, además violaría un poco su intimidad, si no lo he hecho ya... Pero sí que leí lo que había escrito este último año... Me preocupó mucho esa tal Diana... decía que se lo había pasado muy bien con ella. Quizás el pensar en su novia le hubiera distraído de la misión, ya decía yo que le notaba algo raro.

Bueno, en cualquier caso, estaba muerta...

 

Me sonó el teléfono. Era el primo de Whanzal

 

- Hola primo de Whanzal. ¿Por qué no me dices como te llamas? Se me hace muy raro llamarte así

- Es... una larga historia.. que no viene a cuento. Te llamaba para decirte que mi padre trabaja en un laboratorio y que yo me pasaba tardes con él, por lo que distingo muy bien cualquier tipo de material, quizás pueda seguir el rastro de esas gemas.

- Pero, ¿reconoces incluso el olor?

- Sí, la verdad es que huelo cosas que la gente normal no huele. Las fragancias primaverales son una conmoción positiva para mí, pero también sufro los malos olores.

- Imagino... pues ya está, esta tarde nos vamos a buscar. Ya he mirado por todos lados.

 

Por la tarde...

 

- Llegas tarde

- Sí, lo siento- respondí- La verdad yo tampoco estaba centrado últimamente. Además había cogido un avión de última hora, y por poco no llego.

- Un momento, te habrás traído una gema como muestra ¿no? He perdido el recuerdo, mi memoria olfativa tiene un límite.

- No me subestimes- dije mientras sacaba la gema

- He encontrado algo- dijo sin apenas olisquearla.

- No me lo creo- dije escéptico.

- Corre, sígueme.

 

Llegamos a una tienda, lo cierto es que había mirado sobre todo por la calle pero no había entrado en demasiados edificios. Qué fallo. Al entrar me di cuenta de que era... una joyería. El caso es que era un lugar demasiado obvio para albergar una gema de esas características, pero bueno, tuviera el primo ese olfato o no, era un buen punto de partida para buscar.

Su dedo índice me dirigió la mirada a uno de los estantes más altas, y allí estaba, una gema de colores cambiantes, dentro de una urna con un cartel: NO EN VENTA. SÓLO EXPOSICIÓN.

 

- Hola, muy buenas.

- Buenas tardes, ¿qué querían?

- Queríamos examinar esa gema. Somos inspectores.

- ¿Y su identificación?

- Lo cierto es que... la hemos debido dejar en el coche. Simplemente queremos verificar que cumpla con los criterios de calidad, que no sea radioactivo ni nada por el estilo.

- Está bien, pero trátenla con cuidado, por favor. Es mi bien más preciado.

- Lo haremos- dijimos mientras huíamos en dirección contraria. No sonó ninguna alarma, el producto no estaba registrado en el sistema de seguridad al no estar en venta.

Miré mi reloj y vi el superpoder que podría utilizar en caso de activar la gema: GRAVEDAD CERO

También miré el reloj de Steven, y había tenido más suerte: podía cambiar una cosa del pasado, una única cosa.

Como el primo podía utilizar el reloj de Steven, podríamos activarlo. La cuestión era centrarnos en qué queríamos cambiar. Por un lado, puedo devolverle a Steven la memoria o evitar que mis padres se separen. Una decisión crucial.

Le expliqué de nuevo la situación al primo y le consulté pidiéndole opinión, aunque no sé si sería la mejor idea:

 

- O puedes hacer algo más arriesgado. Si eliminas la muerte de Diana, la chica tan importante para Steven, y de la cual sabía muchas cosas, quizás ella pueda saber la palabra clave para que recuperara la memoria. En cuanto a lo de tus padres...

- Supongo que hay cosas que es mejor dejarlas como están.

 

Cogí una libreta, y me apunté unas cuantas cosas que preguntarle a Steven para cuando recuperara la memoria, si es que lo conseguía. ¿Por qué él no había desarrollado superpoderes hasta hace bien poco cuando yo los tenía desde pequeño? ¿Cómo se llama su primo y por qué no le llamaba por su nombre? ¿Qué sabía sobre Diana?

 

Era un momento importante. Una decisión rápida, como todas las que habían tomado últimamente.

Pedí al primo que activara la gema y que se concentrara, tenía que eliminar la muerte de Diana.

Cerré los ojos, y unos minutos después, sonó el teléfono de Steven. Era ella. No lo cogimos, por si acaso, esperando que enviara un mensaje.

 

Una nota de audio llegó a su móvil.

 

Una dulce voz dijo:

 

- No sé que me ha pasado... Parece que me acabo de despertar de un mal sueño. Soñé algo terrible... me mataban. Dime que no tienes nada que ver en todo esto. Necesito que hablemos. Por favor. ¿Cuándo quedamos?

 

Escribí en su nombre diciéndole:

 

- Cuanto antes.

 

Me respondió, bueno, a mí no, a “Steven”:

- Pues ahora. ¿Dónde el otro día?

 

- Mejor mandame la ubicación, que me despisto.

 

Llegamos al punto de encuentro, y Steven vio a Diana. Ella le abrazó, nosotros estábamos encaramados a un árbol para pasar desapercibidos.

 

- ¿Qué pasa, no te alegras de verme? Te dije que te llamaría, ¿no? Yo siempre cumplo. Soñé que moría, y que no leías mi mensaje y no me ayudabas. Soso. Significaba SOS pero en ese momento, el autocorrector... Bueno, ya sabes, tonterías...

 

SOSO, SOSO, SOSO...

Aquella palabra retumbó en su mente, poco a poco fue atando cabos y volvió a ser Steven que todos conocíamos. La alegría y dinamismo que le faltaba al grupo se recuperó.

Ellos dos se fueron, claro, ninguno de los dos, sabían que nosotros estábamos. Decidimos que lo mejor sería dejarles sólos.

Dos meses después, Steven volvía a ser el mismo. Bueno, decía que qué rápido había pasado el tiempo, que pensaba que estábamos en febrero, y yo le dije que si que era despistado, para disimular, como de costumbre. Sólo quedaban algunas preguntas, pero los problemas ya se habían terminado.

Al llegar a casa, disfrutamos de su poder de gravedad cero, todas las patatas fritas y refresco volando por los aires... Eso sí, me guardé la gema. Ya tenía tres.

Aunque si el primo de Steven había podido usar la gema para activar sus poderes, eso significaba que... cualquiera podía utilizarlas.

¿Y si cayeran en malas manos?

¿ Y si estuviéramos equivocados?

¿Y si RedBot... no era nuestro último enemigo?

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