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Pasen y lean

Supergiro-Komikaze(23)

Publicado por spidrmancoy el 13/04/2017 · Categorías: Humor, Creación

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DISTRACCIONES

Cuando estaba a punto de enseñar a mis padres el funcionamiento del reloj, y todo lo que llevaba consigo, este empezó a vibrar con mucha fuerza, y desapareció. Aún me quedaban las palabras, así que le empecé a explicar todo lo que me había pasado desde el comienzo. La mirada de mis padres me alarmó, pero no era por lo que les contaba, sino por la forma en la que lo hacía. Empecé a tartamudear, a balbucear, y no se me entendía nada. Hasta empezaba a decir palabras sueltas en otros idiomas.

 

- Cariño, tenemos que llevarte al psicólogo otra vez. Sabía que era mala idea dejar de ir, ¿lo ves? Nunca se sabe cuando se puede volver a recaer. Voy a llamar ahora mismo.

- Mujer, no seas tan extremista.

 

Mi madre fulminó a mi padre con la mirada y yo me fui corriendo a la calle. En mi cuarto estaba mi hermano, y como siempre cotillea las conversaciones empezaría a hacerme preguntas como loco.

Nada más salir, noté como si alguien me tocara, parpadeé, y me di cuenta de que estaba en un sitio lleno de nieve, observando auroras boreales, pero no tenía ninguna sensación, ni de frío, ni notaba el viento...

En lo alto de una montaña alguien me saludaba con la mano. ¡Era Diana! Hizo un gesto con la mano, y una avalancha de nieve se aproximaba hacia mí. Claro, no me acordaba de que tenía poderes. Aún así, eso no explicaba por qué quería matarme.

Corrí, pero no fui lo suficientemente rápido. A pesar de mis poderes, no pude hacer nada. Al no tener el reloj, no podía hacer gran coas, ni siquiera sabía qué poder utilizar.

Cuando creía que iba a morir, la misma Diana me sacó de la nieve y me dio un abrazo, con una fuerza que, junto con lo de la avalancha, me hizo sospechar que estaba enfadada por algo. En el momento en el que comenzó a gritar, me di cuenta, todo con una sonrisa eso sí.

 

- ¡Pero ¿cómo se te ocurre?! . (mezclo signos de interrogación y exclamación porque su forma de decirlo implicaba sorpresa, indignación, orgullo... no sé.

 

Yo, lógicamente, luchaba por respirar después de haber tragado kilos de nieve, así que no podía responder.

 

- ¡Te vas a un concurso de talentos enseñando tus poderes! ¡Ahora le ibas a contar a tus padres que tienes poderes! ¿De qué vas?

 

En ese momento pasó algo que me pasa bastante a menudo: me viene a la mente un tema que no tiene mucho que ver con lo que estamos hablando. Seguramente ella había sido la que había hecho desaparecer mi reloj, y también acababa de manejar la nieve. Eso significa que... es posible tener dos poderes el mismo día. Ella me podría enseñar. Pero, ese no era el tema.

 

- ¿Me estás escuchando? ¿En qué piensas?

- Sí, sí... tienes razón. Lo siento.

- Yo lo siento más, créeme. Me alegro de vigilarte, puede parecer psicópata, pero si no podrías habernos puesto en peligro a todos. Esa frase es muy clásica, pero precisamente por eso, no seas como los superhéroes de los cómics que tanto te gustan, sé mejor.

- Es que yo no quiero ser esto... Yo no elegí esto, y pensé que los problemas desaparecerían al derrotar a RedBot. Tú casi mueres, bueno, tu moriste. Pudimos salvarte. Podía haber pasado lo mismo con cualquiera, y todo por... culpa de Whanzal. Él creó a nuestro enemigo, que a tanta gente mató.

- Echar las culpas a los demás es muy fácil. Pero si en vez de juguetear con tus poderes te hubieras centrado en darles utilidad, podrías haber salvado muchas vidas. ¿Eso no es responsabilidad?

- Supongo...

- No, 'supongo' no. No supongas. Te lo confirmo, sí- afirmó ella, con un tono cortante que me hizo dar por terminada la conversación. Pero ella aún no había acabado.

 

 

- Lo de la nieve era sólo para divertirme. Ahora que sabéis que tengo poderes también...

-Lo siento, sé que la he cagado y mucho, pero aún así no voy a dejar de hacerte preguntas. Tú eres la única que me puede ayudar en esto. Empiezo: -dije sin dejarle tiempo a hablar, para poder meter baza- Una vez tuve el superpoder de saberlo todo. Y entonces pensaba que no había nadie más como yo, con poderes, excepto Whanzal. Y ahora, ¿apareces tú?

- Yo tampoco tengo la solución a todo, supongo que... nada es seguro en esta vida, ni siquiera los poderes. Aunque no a todo, sí que tengo una solución. Te devuelvo tu reloj, le he hecho algunos ajustes.

 

Me molestó que me hubiera cogido el reloj sin mi permiso, pero al fin y al cabo, me lo tenía merecido.

 

- Ahora, te explico el verdadero motivo por el que te he traído aquí. Y no he invitado a nadie más, ni a tu primo ni a Whanzal.

 

La verdad es que, si aún no lo había dicho, Diana era bastante guapa. Pero no creo que quisiera pasar una velada conmigo en la nieve viendo auroras boreales sin pasar frío. Toda la frase anterior suena rara. En la nieve sin frío, alguien conmigo...

 

- Tengo que entrenarte. Vi lo impresionado que te quedas cada vez que visitas el centro de investigación, allí tenemos tecnología punta. Pero quiero demostrarte que importa mucho más la habilidad que la tecnología. Por eso, mira qué poder tienes hoy.

 

El reloj señalaba: 'capacidad de aprendizaje'

 

- Hoy es el día perfecto. Serás capaz de aprender en una noche lo que te tomaría un año. Y digo una noche, porque ya sabes que tus poderes tienen duración limitada. A lo mejor hay forma también de arreglar eso, pero todo a su tiempo. Primera regla: no más preguntas. Puedes pensarlas, pero no decirlas. Y si las dices, que no te entorpezcan para escucharme.

 

Mientras tanto, en casa de Whanzal:

 

Whanzal estaba colocando su habitación, se había propuesto ser ordenado y había comprado una maquina de imprimir etiquetas para colocarlo todo y no perder tanto tiempo buscando las cosas. Una buena idea pero en un momento poco indicado. Seguramente yo le habría dado la idea de colocar y descubrir cosas que no te esperas.

Su sistema antiguo había sido básicamente coger fundas de plástico y meter un batiburrillo de todas las asignaturas, dibujos, papeles importantes... Meterlas a presión y esperar al próximo que abriera el armario. Pensaría que las habría tirado él y las recogería.

Decidió repartirse el trabajo por días para no agobiarse. Un día recogería un estante, otro otro, el problema fue que se tropezó de una forma tan absurda como inexplicable y acabó tirando prácticamente todo.

 

- Cariño, ¿estás bien?- preguntó su madre.

- ¡Sí, mamá, gracias! - dijo, disimulando, porque se había hecho daño verdaderamente, y porque el daño era sobre todo psicológico, ahora tenía que volver a empezar a recoger, y tirarse toda la tarde (recordemos el cambio horario en Nicaragua, aunque yo estuviera en ese momento con Diana en la nieve de noche)

 

Fue recopilando las cosas que más le habían llamado la atención, con la intención de enseñármelas, de hecho me llamó, pero en aquel misterioso lugar donde estuviera no había cobertura.

 

Y a la vez, mi primo hacía de las suyas...

Más o menos por esas mismas horas, mi primo había instalado una aplicación en su móvil de un lugar desconocido y se había infectado su móvil. Ahora llamaba a personas aleatoriamente, y le estaba gastando todos los minutos que tenía (aunque no los gastaba nunca, lo peor era la vergüenza de cuando te respondían, ya fuera porque no hablaba con mucha gente o básicamente porque eran las tantas de la madrugada)

En una de esas llamó a Whanzal, de forma casual.

 

- Hola Gerónimo, ¿sabes algo de Steven?

- Pues estuvimos ayer dando una vuelta, y me dijo que hoy estaría ocupadísimo.

 

Aunque en principio era una excusa porque no me apetecía mucho quedar con mi primo, al final resultó ser verdad, estaba ocupadísimo, entrenando para ser alguien útil en el futuro.

 

Whanzal se decepcionó, parecía estar muy ilusionado en lo que quería contarme.

 

- A, vale, no te preocupes. ¿Y tú como estás Gerónimo, que hablo poco contigo?

- Pues, bueno... No me lo suelen preguntar mucho.

 

Colgó.

 

Algo le pasaba a mi primo. Otra cosa más que atender. Aunque claro, era Whanzal el que había hablado con él, yo no tenía ni idea.

 

Seguimos con Diana...

 

Diana sacó una libreta, o tenía mala memoria, o había preparado cuidadosamente mi entrenamiento.

 

- A ver, no te vayas. Espera un momento. ¿Dónde lo había puesto?

 

Era tan desordenada como yo. Mira, ya teníamos algo en común. Pensándolo bien, puede que me gustara un poco. Puede.

 

Comencemos el entrenamiento.

 

- Para esta prueba deberás ser muy observador. Fíjate en tu alrededor, cualquier detalle por insignificante que te parezca puede cambiar las cosas.

 

Todo era normal: cielo, y luego, un espectacular aunque monótono paisaje nevado. Blanco, blanco y más blanco. Iba a empezar a rastrear cada rincón, pero Diana me indicó que mi tiempo se había acabado. Era momento de empezar. Tenía cierta inseguridad y extrañeza, no estaba acostumbrado a fijarme en los detalles y aún menos sometido a presión.

 

- Muy bien, Steven. ¿Notas algo raro, fuera de lo normal...?

- Bueno, en ese lugar la nieve está un poco más oscura...

- Es que eso no es sólo nieve. ¿No ves que hay animales en este sitio?

- Ah, vale, pues... me has dicho que si noto algo fuera de lo normal. No tengo que necesariamente verlo. Aunque estamos en la nieve, estoy en manga corta y no tengo ni frío ni calor, es como si no notara nada.

-- Muy bien, este es un simulador que utilizo a menudo para practicar, y puedo controlar absolutamente todas las condiciones de clima, luminosidad, espacio...

 

Sentí un escalofrío sobrecogedor.

 

- ¡Estate quieta, no juegues con la temperatura!

- Jajajaja... Bueno, mantengamos la seriedad, no olvides para qué estás aquí. Dime más.

- ¿Más...? Pues... No sé.

- Tu reloj.

- Sí, este es mi reloj. Mira, se supone que tengo el superpoder de aprender y esto me está costando el triple que otras veces... A ver, a lo mejor ahora es táctil.

 

Toqué el reloj, y lo noté extraño. Algo había hecho, pero no tenía la misma textura... Al toquetearlo, con cuidado para no cargármelo, una parte del reloj se despegó. Era una pegatina. Al sacarla, vi que el reloj estaba apagado realmente, y mi superpoder no era el de aprender. Era una simple ilusión, era un juego psicológico.

 

- Muy gracioso.

- Sé que no es gracioso para ti. Pensabas conseguir esto por la vía fácil, pero tus superpoderes te pueden ayudar excepto cuando el problema está en tus superpoderes. Me explico: mi obejtivo es que aprendas a aprender.

- Pues has conseguido el efecto contrario. Me quiero ir.

- Ahí está el problema, te das muy rápido por vencido. Ahora te pido que te concentres, y que esto te ayude a estar más atento. Y a que aprendas a separar los problemas personales del resto de las cosas.

Te encenderé el reloj cuando acabemos. Te enseñaré como reconocer un poder cuando no tienes ni idea de cuál tienes. Yo ya tengo mucha experiencia en ese aspecto.

 

- Como ya sabes, tu organismo está en continuo cambio. Y tras las muestras que hemos podido recoger sin que te dieras cuenta en tus visitas al centro de investigación, sabemos que cuando algo te preocupa o te interesa, eso se refleja en tus poderes. Por eso a veces, como ya has hecho, puedes forzar el tener un determinado poder si lo deseas con mucha intensidad. Pero normalmente es tu subconsciente el que hace la tarea.

- Entiendo.

 

Whanzal seguía colocando:

 

Whanzal no podía parar de pensar en Gerónimo. Aunque no lo conocía, nunca le había visto tan raro, siempre había algo, no se sabía muy bien el qué, que le impulsaba a tener motivación para cada cosa que hacía.

Ya llevaba varias horas colocando, pero una carpeta en concreto, llamó su atención. No recordaba haberla abierto antes.

 

Y finalmente:

 

El teléfono de Diana sonó. A ella sí le funcionaba, claro, era su mundo.

 

- Hola, ¿está por ahí Steven? Le necesitamos urgentemente. ¡Por favor!

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